jueves, 26 de noviembre de 2009

Composición arquitectónica

De 09.11.25
¿Qué significado puede tener algo así?, ¿Puede sugerir una dirección?, yo personalmente hace meses que así lo creo, hoy he comprobado con unas sencillas mediciones, lo que venía pensando. Efectivamente y con asombrosa exactitud a 2.500 metros de distancia en la dirección que indica se halla el punto donde murió su autor.
El autor del montaje es naturalmente, Jaime, los realizaba una y otra vez mientras esperaba a que yo acabara de ensillar o duchar los caballos. Todavía sigue en pie tal y como lo dejó.
Es asombroso como consigo reflejar en cada acto, acción, inacción u omisión, la presencia de Jaime. Comento este caso, por su curiosa y aparente carga premonitoria y porque me gusta desde un punto de vista estético, es sencillo, sólido y airoso. Para su confección se abstraía absolutamente, desmontándolo una y otra vez, hasta que lo requeríamos para los quehaceres ordinarios de los humanos.

Venga Jaimito cariño, que no pasa nada

Miércoles noche. Miércoles noche previo al último fin de semana del mes de noviembre. Ahora debería estar haciendo la maleta para mañana partir hacia Sevilla. Cogería un vuelo a final de mañana para aterrizar en la que siempre ha sido mi ciudad favorita y al llegar al hotel ahí estaría Jaime, con mi padre, quizás también con mi madre, quizás con nuestra prima Olga, que habrían llegado minutos antes en el AVE desde Zaragoza tras haber cantado al salir de la capital baturra su jota favorita a voz en grito en el tren “El Ebro guarda silencio al pasar por el Pilar, la virgen está dormida, no la quiere despertar”. Nos encontraríamos en la recepción del hotel, me daría un beso, iríamos a comer al restaurante Miguel Ángel y corriendo a la feria… Así fue el año pasado y así o muy semejante hubiera sido mañana.
Pero no, no estoy haciendo ninguna maleta, estoy en mi habitación mirando un video que Jaime se grabó mientras tocaba en el piano una composición que él mismo había hecho, y pensando como fueron mis últimos momentos con él.
Ese domingo, como cada día que íbamos a montar, habíamos quedado a las 10 con mi padre y con Raúl en el corral; me sonó el despertador a las 9 y a las 9.05 oí el teléfono de casa sonar, medio minuto después vi a Jaimito aparecer tambaleándose, con su pijama de colores chillones y los ojos más bien cerrados por la terraza del apartamento que venía a despertarme. Le pregunté que tal le había ido la tarde-noche por las fiestas de Abenfigo y me dijo que no se había aburrido tanto en los días de su vida! Desayunamos juntos y cada uno nos fuimos a vestir a nuestro cuarto. Cuando pasé a por él ya preparada, me lo encontré discutiendo con la botas, resultaba una tarea muy complicada para él ponerse y quitarse las botas! Cuando por fin consiguió ponérselas, una de ellas le molestaba, se la tuve que quitar, con los correspondientes malabares que eso llevaba, mientras mi padre llamaba al móvil diciéndonos que los caballos estaban listos esperándonos. Tras quitar la bota salió una piedra, ahora había que volver a ponérsela, lo cual llevaba un rato; llegábamos tarde, salimos de casa gritando y mientras el ascensor subía me dijo “Serás una madre muy dura”. Yo me reía mientras él estaba de morros…
Por fin llegamos al corral, nos montamos al caballo, todos queríamos ir hacia Pueyos pero Jaime quería ir a la Badina, por no escucharlo “rosigar” durante toda la mañana decidimos hacerle caso.
El paseo discurría con normalidad, el sol empezaba a calentar con fuerza, yo le iba echando la bronca a Jaime por estirarle las riendas al Compañero cada vez que bajábamos una cuesta. Sobre las 11 estábamos a punto de llegar al merendero de la Badina desde el cual emprendíamos ya el camino de vuelta a casa. Tocaba bajar por un pequeño barranco, Jaime estiró de las riendas del caballo por lo que el caballo echó para atrás y se quedó arriba quieto, mi padre tuvo que bajar para ayudarle mientras los dos le decíamos que no estirara de las riendas. Una vez abajo recuerdo que me dijo: “Perdón Anita, perdóname”. Pero en el siguiente barranco volvió a estirar de las riendas del caballo. A partir de ahí todo está más difuso, sí que recuerdo que cuando mi padre lo iba a coger en brazos le di un abrazo y un beso y le dije: “Venga Jaimito cariño, que no pasa nada”, mi padre lo cogió y se fueron por la senda, los dos llorando. Esa fue la última frase que le dije a mi hermano “Venga Jaimito cariño, que no pasa nada”. Esa fue mi despedida, “no pasa nada”, no sé que le hubiera dicho de saber que era lo último que él iba a oír de mí, pero no hubiera sido eso. Un “te quiero”, un “espero verte pronto” o un “cuida de nosotros y pórtate bien” en plan madre dura…
Donde quiera que esté espero que sepa que le quiero mucho y que espero poder verlo pronto…

Las primera foto es de nuestro viaje al SICAB en Sevilla el año pasado.
La segunda la hice uno de los días que fui a la Badina después del accidente.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Vida, Muerte y Tauromaquia I

Llora, Giraldilla mora,
lagrimas en tu pañuelo.
Mira como sube al cielo
la gracia toreadora.
Niño de amaranto y oro,
como llora tu cuadrilla
y como llora Sevilla
despidiendote del toro.
Tu rio, de tanta pena,
deshoja sus olivares
y riega los azahares
de su frente, por la arena.
- Dile adios, torero mio,
dile adios a mis veleros
y adios a mis marineros
que ya no quiero ser rio.
Cuatro arcangeles bajaban
y, abriendo surcos de flores,
al rey de los matadores
en hombros se lo llevaban.
- Virgen de la Macarena,
mirame tu, como vengo,
tan sin sangre, que ya tengo
blanca mi color morena.
Mirame asi, chorreando
de un borboton de ruibies
que ciñe de carmesies rosas
mi talle quebrado.
Cierrame con tus collares
lo concavo de esta herida,
¡ que se me escapa la vida
por entre los alamares !
¡ Virgen del Amor, clavada,
lo mismo que un toro, el seno !
Pon a tu espadita bueno
y dale otra vez su espada.
Que pueda, Virgen, que pueda
volver con sangre a Sevilla
y, al frente de mi cuadrilla,
lucirme otra vez por la Alameda.
RAFAEL ALBERTI,
(poema compuesto en honor de Joselito, muerto en la plaza de Talavera)

Ignacio Sanchez Mejías, velando a Joselito "El Gallo"

¡Cuanto añoro a este hijo al que ya no podré abrazar ni besar! Es, con toda certeza, lo que más amaré, en mi vida. Cuanta seguridad me daba su cercanía, su futuro, su presencia, su cuerpo siempre cálido, que ya no admitía el contacto del niño que pugnaba por dejar de ser.
Siempre será el adolescente incipiente, con el que contaba y planeaba un futuro pleno de ilusiones y complicidades. Ahora deberé aprender a vivir sin él, sin su retentiva prodigiosa, su habilidad natural, su bondad innata, su inestimable ayuda en cualquier actividad, su humor, su compañía, su presencia omnímoda en casi todos los actos de mi vida.
Me sorprendió a contramano, no lo esperaba, la faena discurría sin sobresaltos, y en lo más profundo de natural me empitonó, este toro gazapón, aborricado y manso que es a veces la vida; es con diferencia el peor que me ha tocado lidiar, aunque todavía queden muchas tardes para el triunfo ese fracaso condicionará el resto de mi existencia.
Jaime no tenía una gran afición a los toros, es difícil tenerla a tan corta edad, pero observando la mía y llevado de su curiosidad puede decirse que la estaba adquiriendo con rapidez.
Prefería la plaza a la televisión.
¿Quien torea hoy papá? preguntaba al verme aparecer a media tarde por casa.
"Tiene buena pinta", decía, y continuaba con sus cosas.
O también: "llámame cuando toree Morante". Las faenas de Morante no las perdonaba.
¿Cuál es tu torero en este momento?, ¿cuáles son tus tres toreros preferidos?, ¿qué ganadería te gusta más?,
Eran preguntas y comentarios frecuentes, que luego le permitían tener un juicio meridiano sobre cuestiones esenciales de tauromaquia.
Jaime hubiera sido un buen aficionado, estoy seguro; al igual que sé sin temor de errar que jamás se hubiera puesto delante de una vaca; exactamente como su padre.
Dice Albert Boadella a propósito de los toros:
«La fiesta de los toros es un rito didáctico, el arte más moral que existe, en el que se dan todos los valores humanos y todos los elementos que configuran nuestra naturaleza: la vida y la muerte, el valor y el miedo. Y como hoy en día la sociedad se empeña en esconder la muerte y el sufrimiento, los toros nos sirven para recordar lo inexorable y aprender a vivir con ello».
Las corridas podrán desaparecer igual que un día aparecieron. Se podrán prohibir, si, pero no será más que el fiel indicativo del paternalismo pujante de las instituciones y por ende del infantilismo de una sociedad amansada con espectáculos asépticos, intrascendentes y carentes de cualquier principio moral elemental.
Ahí van las imágenes de una tarde de triunfo de nuestro torero, el de Jaime y mío, José Antonio Morante, “Morante de la Puebla”, "poeta sublime del capote y la muleta".

Estas fotografías que adjunto, corresponden a la visita que realizamos en Septiembre de 2.007 a la Fundación Alberti en El Puerto de Santa María (Cádiz), los textos que en ellas aparecen son del poeta Rafael Alberti, como cabría esperar, y en ellos se puede apreciar su experiencia como torero de plata en la cuadrilla de su buen amigo Ignacio Sanchez Mejías, muerto al igual que Joselito, en el ejercicio de su profesión.
De 07.09.14
De 07.09.14
De 07.09.14

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Carta de Blanca

De nuevo el eje de esta entrada lo constituirá un escrito que no es mío. Este llega en forma de comentario, pero he creído que su contenido bien merecía aparecer con un título, que yo le daré, y con su autora por si pudiera pasar desapercibido al lector no avezado en esto de los blogs. Corresponde este comentario al viernes, 13 de Noviembre, su autora es Blanca Dobato Lahoz, prima de Jaime, cercana por edad, vecindad y parentesco. Mucho se frecuentaron, en casa, en el colegio y en el descubrimiento de las novedades de la vida, que son muchas a esta edad. Gracias Blanca por tu aportación a este recuerdo que tanto bien nos hace a tus tíos, prima y a todos en general. Dice así...
En este comentario me gustaría hacerle una carta a Jaime:
¡Hola,primo!
¿Que tal por ahí arriba? Espero que muy bien. Supongo que en estos momentos estarás conociendo al yayo Emilio, el dueño de todos esos preciosos cuadros al que nunca llegamos a conocer.
Bueno en esta carta me gustaría recordar todos los momentos que pasamos juntos. Son muchos, lo sé, pero como no quiero que se me olviden prefiero guardarlos en otro sitio además de la memoria. Sé que esta carta va a ser muy larga, porque mucha parte de nuestra vida la hemos pasado juntos; estos son algunos de nuestros mejores momentos: en Astún, en Benicarló, en el instituto, con los caballos, en PortAventura con Manel, en el acuarama de Oropesa con Alicia, los viernes en mi casa, con Bea en tu masico, el día de Papa Noel en casa de la yaya con todos los primos, el día de San Jorge y en la badina, etc. Pero... el mas importante para mi es en Abenfigo.
Me acuerdo de cuando nos llamabas a Olga y a mí para ir a comer a tu masico. Jugábamos y algunos días bajamos al corral. Gracias a Vicente conocimos este deporte con el que pasamos mucho tiempo juntos. Empezamos por ir a montar con Joe. Todos los días le pedíamos galopar pero pocas veces lo hicimos, pero lo que importa es que lo hicimos. Los tres primos juntos en un mismo deporte. Un día me acuerdo que te pregunte que cual era tu animal preferido, y tu me contestaste que el caballo. El caballo era el animal preferido de los dos. Pasamos muchos momentos juntos gracias a esta afición.
En las fiestas del año pasado me acuerdo de cuando salimos con las reinas el día de los toros. Tú ibas con Compañero y yo en la grupa de Bailador. También salimos a la cabalgata de reinas Josevi, Vicente, Raúl, tú y yo. Estas fiestas pasadas, por fin íbamos a salir juntos, ha pasado lo que ha pasado, pero yo aun así no me he echado atrás en el desfile. ¡He salido en el mismo sitio que iba a salir contigo! Pero... sola. Bueno, eso es lo de menos, porque yo se que por fuera parecía que estaba sola, pero que por dentro tu me acompañabas. Después las de clase de mates, ¿sabes que me han recordado?
Cuando nos pasaste un papel en clase en el que ponía:
LO MÁS BONITO DEL MUNDO ES LA SONRISA DE UN NIÑO: SONRIE :D
Ahora cuando en clase miro a mi lado y veo que no estas me hace sentir vacía por dentro.
Los momentos que nunca olvidare fueron en las fiestas de Abenfigo, tu última tarde. Cuando llegamos allí pensábamos que nos habíamos equivocado en ir, porque no había nada ni nadie. Estuvimos toda la tarde sentados en unas piedras. Yo creo que Dios nos llevó allí a un pueblo tan pequeño como si estuviésemos encerrados en una jaula los tres primos, para que pasásemos los últimos momentos de tu vida junto a ti. Ahora he recapacitado y ya no pienso lo mismo que cuando llegamos allí. Ahora pienso que fue el mejor día de mi vida. Que después de ese acontecimiento no es lo mismo sin ti, mi vida ha cambiado. Cuando volvimos en el coche me acuerdo de mi ultima conversación contigo: estuvimos hablando de PortAventura. Nunca me olvidare tampoco la siguiente mañana. Olga y yo nos acabábamos de despertar y, oímos hablar a Marian por teléfono.
Ella decía: ¡Ya vamos, ya vamos Vicente!
En ese momento nosotras nos levantamos corriendo pero... Marian y Emilio ya se habían ido. Olga les llamo y le dijeron que se habían ido ha hacer un recado, para no preocuparnos. Después vino mi madre y nos llevo a mi casa, para que no estuviésemos solas. A las horas de esperar, vinieron Maribel y Nacho, entraron por la puerta llorando y nos lo contaron. Nunca olvidare esas escenas en las que todos, Olga, Concha, Nacho, Maribel y yo estuvimos llorando.
Todos los viernes, ahora los paso con Olga me recuerdan mucho a ti, esas peleas de cojines y tus gritos... los echo de menos. Cuando pienso en todos estos momentos y pienso que no los voy a volver a vivir, me saltan las lágrimas.
Cinco de cada siete días salgo para ir al instituto y, paso por tu puerta. Se me esta haciendo muy duro y muy pesado pero por ti voy a sonreír. =D

De Jaime Dobato Benavente

Nuria y Jaime

Nuria Gañet, profesora de violoncello de Jaime, realizó este comentario en el blog días atrás; consideré que dada su extensión, relevancia e intensidad, era motivo plausible para recrear un nuevo post ; las prisas no me permitieron hacer esta breve introducción que he realizado en otros casos similares, la frescura de lo reciente me hizo publicarlo de inmediato, hoy trataré de enmendarme.
Nuria pertenece a esa extraordinaria clase de personas que desde el día que conoces no deja de sorprenderte con nuevos matices de calidad humana que pudiera creerse extintos: franqueza, sinceridad, honradez, cultura, rectitud, coherencia. Virtudes que a su vez vienen complementadas con una capacidad de trabajo encomiable, un autocontrol y disciplina ejemplares y una vocación profesional que la induce a proyectarse sobre sus alumnos con una intensidad que logra extraer de ellos el valor musical más recóndito.
Con Jaime consiguió crear una temprana y verdadera vocación musical, que hubiera perdurado, con total certidumbre, durante toda su vida.
Aquí van esta relación de anécdotas y reflexiones de Nuria sobre su alumno y sobrino que contribuyen, como no, a mantener la memoria y espíritu de Jaime.

Curiosamente, el recuerdo más fuerte que tengo de Jaime es de su primer concierto de orquesta. Tocaba la orquesta del Conservatorio en el Teatro de Alcañiz y Jaime estaba solo en el atril con su camisa blanca inmaculada y su pantalón negro caído. Cuando llegó la hora de saludar al público, él, que me había escuchado mil veces decir que hay que saludar al terminar de tocar, dudaba si dar el cabezazo o no en esta ocasión. Veía que sus compañeros no lo hacían (el protocolo de orquesta lo prohíbe, ya que únicamente saluda el director) pero, tras unos cuantos intentos de saludo, decidió hacerme caso y realizar una flexión profunda. Todas las miradas se fueron a él, me reí muchísimo.
Parece increíble que ya no aparezca en clase con su gran funda del cello, las partituras desparramadas por el suelo, su lápiz negro de cabeza de cebra (que lo tenía desde que comenzó a estudiar cello y premonitoriamente se le acabó unas semanas antes de finalizar en junio)…o que se le pierda la goma de la pica por enésima vez.
Además de la Matrícula de Honor en piano complementario, últimamente había hecho grandes progresos con el cello. Esperaba mucho de él para el futuro. Estaba descubriendo en Jaime una sensibilidad musical innata que hasta ahora mantenía oculta. El Estudio 17 de Dotzauer. Lo vivía como si fuera un concertista tocando en el Concertgebouw. O el Trío de Bach en La menor que tocaba con Miguel y Antonio. Les contagió su fraseo, su musicalidad, sus respiraciones…¡y sus larguísimos ritardandos!
Jaime me ha dejado con ganas de más.
Podría hablar de su relación con los demás, de cómo conectaba con sus compañeros mayores y con los más pequeños, de sus reacciones ante los problemas, de sus ocurrencias, de su dulzura…pero no puedo seguir escribiendo, me cuesta mucho. Todos le echamos de menos.
Cuando recibí la terrible noticia del accidente de Jaime estaba en la montaña, no me lo podía creer. Alguien me dijo entonces que no viera a Dios como un carnicero que siega vidas sino como un jardinero que recoge con cariño la flor en su mejor momento, en el momento apropiado. Así fue.

De Nuria y Jaime

De Nuria y Jaime

De 07.05.25