jueves, 27 de mayo de 2010

El Reino de los Cielos

Cerrábamos los ojos y aguardábamos sin dormir que de nuevo relumbrara el día. En vano fatigábamos una nueva jornada sin consentir alivio alguno, la fuerza del nuevo día resultaba inmisericorde.
Fueron tres días o uno solo multiplicado por el dolor, abandonado al arbitrio de ajenos protocolos, intrincados convencionalismos, perplejos trámites, que ocuparon mi tiempo, empañando la percepción de la realidad.
La imprecisión y la vaguedad fue nuestro estado solo tolerable por la cercanía de los otros: Paz, mi pareja y Ana, mi hija.
Abomino de la novedad por igual que la preciso, mas no está en mi condición el exceso sino la mesura y el comedimiento y aquellos días excedieron con mucho mi capacidad.
Ignoro como discurrió mi tiempo, horriblemente habituado al dudoso momento, confundiendo la atrocidad de unos minutos con la extensión de toda mi existencia, sollozando a cada momento olvidando la razón.
Espero, Jaime, que desde el Reino de los Cielos, donde a buen seguro estás, conduzcas nuestras existencias por este largo camino, por este largo y tembloroso camino y que este nos conduzca de nuevo al inicio del ciclo, para revivir este y todos los infinitos instantes que compusieron nuestras vidas en común.



martes, 18 de mayo de 2010

Como encantadas por una luz ligera...

Aitana, niña mía, baja la primavera
para ti quince flores pequeñas y graciosas.
Sigues siendo de aire, siguen todas tus cosas
siendo como encantadas por una luz ligera.

Aitana, niña mía, fuera yo quien moviera
para ti eternamente las auras más dichosas,
quien peinara más luces y alisara más rosas
en tus pequeñas alas de brisa mensajera.

Aitana, niña mía, ya que eres aire y eres
como aire y remontas el aire como quieres,
feliz, callada y ciega y sola en tu alegría,

aunque para tus alas yo te abriera más cielo,
no olvides que hasta puede deshojarse en un vuelo
el aire, niña Aitana, Aitana, niña mía.

- Rafael Alberti, 9 de Agosto de 1956


Jaime, aqui siguen tu violoncello y el atril , tu piano, tus partituras, las enciclopedias de arte y de geografía que incansablemente consultabas a todas horas en posturas inverosímiles y en lugares increíbles.
Aquí siguen tu ropa, tus botas de montar, tu caballo, tus perros, tu ordenador portátil, todas tus cosas, "como encantadas por una luz ligera". Todas esperando que vuelvas, "con tus pequeñas alas de brisa mensajera" a devolverles la vida que tu les dabas, todas esperando la resurrección.
Paz.



viernes, 14 de mayo de 2010

Requiem aeternam...

Sé que él no nos necesita pero nosotros a él si.
La urna con sus cenizas, que beso con regularidad, reposa entre mi ropa. Sobre ella siempre hay objetos personales, de los tres, que van mutándose en un intento de tenerlo siempre cerca. Siempre está fría, fría como solo puede estarlo el metal del que está fabricada.
No es lo mismo besar al hijo que mandabas al colegio que esto, no es lo mismo llegar a casa, llamarlo y que responda a que no lo haga. El más absoluto silencio es la respuesta cuando alguna vez lo intento. Dirigirse al armario y besar de nuevo lo que resta de tanta vitalidad, vigor y energía no es lo mismo.
Nada es ya igual, la casa siempre está en orden, silenciosa, impoluta.
Sé que no soy el único, que somos legión, que es frecuente mi situación, pero esto nada remedia y si no te correspondió, amable lector, difícilmente me puedes entender.
Tengo casos bien cercanos:
Mi madre que perdió una hija y yo por tanto una hermana, en un instante, como se fue Jaime; mis tíos que pierden un hijo dejándoles su inestimable semilla en forma de cuatro nietos; mis cuñados que perdieron al suyo, súbitamente, como más duele. La nómina es inacabable.
Pues bien, nada comprendí hasta que no pasé a formar parte de la interminable y luctuosa lista, engrosada cada minuto.
Me reprocho constantemente la falta de sensibilidad en los momentos que debía haberla manifestado, pero estaréis conmigo, si hay algún lector de estas líneas integrado en la lista, que hay que probar para conocer y que a veces son excusables ciertos comportamientos en nuestros semejantes.
Estas confesiones son íntimas y generales a un tiempo, porque las cosas que le ocurren a un hombre les ocurren a todos.
La cita que consigno a continuación no es textual, me he permitido adaptarla, porque quiero y puedo hacerlo. Su autor Wolfgang Amadeus Mozart. La música que ilustrará esta entrada también será de él. No concluyó la obra, la muerte que ya le rondaba truncó su final.
Dado que la muerte es el verdadero fin de nuestra vida, me he habituado, desde hace algunos meses, a contemplarla como a una verdadera y excelente amiga, de tal forma que su rostro ya no tiene nada de terrible para mi, sino que, antes bien, me resulta serenante y consolador.”
Requiem aeternam dona eis, Domine.
(Dales Señor, el eterno descanso)



El Descendimiento, Roger van der Weyden

miércoles, 5 de mayo de 2010

Carta de Menchu

Me temo, Menchu, que no voy a dar la talla en esta presentación que me encomienda Paz. No quiero repetir adjetivos que ya he utilizado y que colocarían, tu aportación, en términos equiparables o de igualdad con otras colaboraciones en este blog.
Cuando creía que todo estaba dicho apareces con esta carta y en su contenido vuelvo a apreciar nuevos matices, contribuciones, auxilios, convergencias…en esta, mi nueva vida, a la que no acabo de adaptarme.
Mi mundo, bien lo saben los que me conocen, siempre ha sido el campo, el romero, la pólvora, las perdices, los caballos.
Eso es lo que he mostrado a mis semejantes y ese es el fulcro en el que descansa mi vida interior. Nada sería lo uno sin lo otro y difícilmente sobreviviría sin el complemento de ambas cosas.
La muerte de Jaime pone de relieve y expone la otra cara de mi existencia, mis contradicciones, mis dudas, que son a final de cuentas las de todo ser humano. Quiero pensar que a ti te ocurre algo similar y que toda la poesía, espiritualidad, misticismo y sensibilidad que rezuma tu carta se origina por el mismo acontecimiento.
Vuelvo a incidir en el concepto de la “solidaridad cósmica”, en el que nos inició María Pilar, hermana de Paz, y con el que ando siempre a vueltas.
Consigno literalmente tu carta, incluido su título e ilustraré la entrada con la obra que mencionas. Escribo esta entrada a vuelapluma, las premuras de lo cotidiano, que tanto aborrezco así me obligan a hacerlo.

Un fuerte abrazo de Menchu Sauras
Hace ya muchos años, contraje una deuda de gratitud contigo, Paz. Una pequeña anécdota que ahora no viene a cuento hace que te tenga un cariño especial. Y es que no sabemos cuán importantes son nuestros actos, hasta los más pequeños. Todo cuenta. Una minúscula semilla puede convertirse en un árbol enorme.
No conocí a Jaime, ni siquiera llegué nunca a verle; pero lo estoy conociendo a través vuestro, de vuestras palabras, de ese precioso blog que leo con un nudo en la garganta y sin poder contener las lágrimas.
Y encuentro a un ser que, en el plano material de esta vida, se realizó si no completamente (ya que su vida fue muy corta, cortísima) si lo hizo con una plenitud que muchos en mil años que viviéramos no alcanzaríamos.
Veo un pequeño genio, y pienso que algunas personas tan geniales, tienen, de adultos, vidas incomprendidas y tormentosas. Son demasiado diferentes a sus congéneres. "Su reino no es de este mundo".
Veo a un niño superdotado. Pero, sobretodo, me gustan las anécdotas de los que tuvisteis el privilegio de conocerle. Con vuestros recuerdos vais dibujando los rasgos de un carácter absolutamente singular y adorable y me va enamorando, hasta tal punto, que sin haberlo tratado, me sorprendo echándole de menos.
Veo a un niño muy feliz (y esto es algo que muchas personas no podríamos haber dicho de nuestros hijos, incluso a esa edad) que contribuyó a vuestra felicidad y vosotros a la suya. Paz, Vicente, Ana, habéis sido muy afortunados de tenerlo a vuestro lado.
Mientras digo esto, aún siendo una realidad, me suena un poco a lugar común que habréis oído mil veces sin que os sirva de consuelo.
¿Qué consuelo pueden tener unos padres ante una muerte contra natura? y pienso también en Mª Pilar y Manolo.
Desgraciadamente, no conocí a Jaime, no puedo hablar de él, no tengo recuerdos compartidos...
Y me da cierto pudor entrar, con esta carta, en ese recinto casi sagrado que habéis creado. Como si no tuviera derecho a entrar en esa atmósfera íntima que oigo palpitar y respirar, sin duda con su latido y con su aliento.
El os ha inspirado una belleza de blog. Y no lo digo sólo por el esmero, lo cuidado que está y por tanto arte que contiene. Es bellísimo en si mismo; atraviesa, él también, todas las fibras una a una y llega a la esencia del ser.
Cuando ocurre algo tan tremendo, no podemos entender Cómo es posible que la vida continúe a nuestro alrededor, y que el mundo no quede detenido con nosotros. Mientras, seguimos con nuestras rutinas, pero como si fuésemos, solamente, actores interpretando sus papeles en una farsa. Viviendo una "realidad virtual".
Qué fácil sería quedarse atrapados sólo por la ira, los apegos y rechazos, el sentimiento de injusticia... pero la luz y el amor que os impregna es un contrapunto a odios y oscuridades.
Y es que en una perfecta alquimia habéis transmutado el dolor ( ese profundo dolor que ni siquiera soy capaz de concebir, un dolor que cuesta creer que un ser humano pueda soportar) en Amor, un amor que es lo mismo que decir SANACIÖN. El otro día os ví; y, así como estáis, bendecidos por vuestro hijo y hermano vosotros mismos sois una bendición para cualquiera que esté delante vuestro.
Al terminar de escribir esto, quise evocar una obra de arte, así como vosotros hacéis, e instantáneamente recordé una pintura de Zóbel (no recuerdo el título) Es, creo, un puente (símbolo de tránsito) sobre un río, aunque a mi me parece suspendido sobre un abismo. Pero, no es por eso, sino por esa luz dorada típica suya, que me evoca la LUZ de la que está hecho y a la que pertenece el alma de Jaime... y de Gonzalo y ya, también Pilarín; a la que siempre quise y por la que siempre me sentí querida y tan bien tratada. Cuando fui a verla al hospital, pude expresarle mi cariño y también le dije que para mi era muy buena suegra y abuela y... se enteró. vaya si se enteró. entreabrió los ojos y con su elegancia y sensibilidad, ella misma también me preguntó por mi madre.


Fernado Zóbel

martes, 4 de mayo de 2010

Balthus

Contemplando el cuerpo inerte del ser que contribuí a traer al mundo me preguntaba si verdaderamente existió o si por el contrario era yo el que no existía.
O mejor aún, si yo, habiendo dejado de existir percibía la realidad distorsionada, deformada y desfigurada.
Una atmósfera donde lo irreal se confundía con lo real, lo que se mueve con lo estático, lo abierto con lo cerrado….
Como en los cuadros de Balthus, nada es lo que parece. Un hombre profundamente religioso y una obra producto de su honda, insondable y recóndita espiritualidad.


The Passage du Commerce-Saint-André


La partida de naipes