martes, 12 de julio de 2011

San Fermín

El tiempo es cíclico, argüían los pitagóricos; hoy como ayer, como el año pasado y el anterior me despertaré con la zozobra y la inquietud de la inminencia del encierro.
Una diferencia substancial define los dos últimos sanfermines, la ausencia, la insoportable ausencia de quien era mi compañero cada mañana. El perentorio encargo, la noche anterior, de despertarlo puntualmente sin falta, se repetía todos los días, dudando, no sin razón de mi caprichosa memoria.
Me complacía su compañía como complace a un padre compartir gustos y aficiones con su hijo; cualquiera que haya tenido hijos comprenderá de inmediato de que hablo. Pero cuando la afinidad es de la índole a la que me refiero, el goce de los dos camaradas alcanzaba momentos de intensidad vital irrepetibles.
Mañana se volverá a repetir, una vez más, el ritual, el cohete a las ocho en punto, los toros con los bueyes a toda velocidad enfilando la Cuesta de Santo Domingo, Mercaderes, Estafeta, hasta los corrales de la plaza arrollándolo todo, 2-3 minutos de paroxismo absoluto, y las lágrimas , una vez más también, como colofón al delirio.
Cincuenta años sin derramar una lágrima y ahora, no falto un día a la cita con el llanto.
No he corrido nunca, ni creo que lo haga ya. Admiro el valor y la inconsciencia, que viene a ser lo mismo, como virtudes de la condición humana; el esfuerzo físico unido al riesgo y al miedo es una vivencia difícil de percibir hoy en día, y lo digo yo que no tengo mas referente que el de haber corrido delante de la policía a caballo, aunque eso si, cuando la policía hacía honor a su misión y tarea con celo inmisericorde.

miércoles, 29 de junio de 2011

Metamorfosis

Durante los últimos días de su vida, Jaime fue progresivamente abandonando su naturaleza humana y desarrolló la que pronto iba a ser su siguiente identidad: la de un ángel. Fue haciéndose cada vez más ligero y etéreo y le fueron creciendo unas alas casi imperceptibles. Estas alas le permitieron ascender en su partida hacia el espacio sin dificultad.
Yo me daba cuenta de su metamorfosis aunque nunca lo interpreté como un signo de que su estancia en la tierra estaba tocando a su fin, creí que eran síntomas de la adolescencia. Pensé que sus silencios, su mutismo eventual significaban que estaba enamorado o que vivía una espiritualidad incipiente. Estaba equivocada, sin saberlo él preparaba su marcha.
La foto que adjunto es bonita aunque Jaime está con los ojos cerrados a medias, sin embargo en su cuerpo y en su rostro se aprecian su transformación angelical.
El video es "Seronda" de Nacho Vegas, un ángel fieramente humano.
Paz.

22/07/2009


viernes, 17 de junio de 2011

La Sagrada Pléyade

La Sagrada Pléyade
Frío y noche llenarían la tierra y el alma
se hundiría en la miseria,si los dioses
benignos no enviaran, de cuando en cuando,
a este mundo tales adolescentes para
rejuvenecer la vida de los humanos.

La muerte de Empédocles, Johann Christian Friedrich Hölderlin

Tu recuerdo pervive aureolado de la atmósfera poética, de ensueños, del arte y de la música.
Recrear y recordar para conocer y continuar viviendo en tu compañía es un ejercicio diario al que me he habituado con disciplina. La estela de tus escasos cinco mil días perdura indeleble en mi corazón.
¿Me restarán tantos?, cinco o diez mil, no muchos mas, quien sabe. Mis primeras entradas abundaban en esta incertidumbre.
¿Para cuando mi cita en Samarra?
El destino no tiene perdón ni para ti, ni para los demás; con su furia codiciosa arrasa con nuestras existencias. Los hados trazaron contigo el más extraño y extraordinario de los azares y ahora que nos ha sumido en esta infinita soledad, es difícil prever qué dirección tomará de nuevo la fatalidad con su corriente traidora y pérfida.
Allí donde hoy se agota la vida como un río seco, dejando ver el fangoso cauce, mañana puede correr de nuevo rica y abundante.
Me resta el consuelo de llegar hacia el final y poder parafrasear a Goethe:
"Aprendí a vivir; dilatad, oh, dioses, mi tiempo."
¡No me olvides hijo, que yo tampoco te olvidaré!


19/01/2008


20/01/2008

viernes, 3 de junio de 2011

El infierno

“El infierno es esto”, me dijo Paz hace unos días y puede que así sea.
¡Dios como duele!, y que no haya encontrado en todo este tiempo dolor equiparable al mío.
He visto en el fragor del mediodía la muerte cara a cara, la he visto reptando desde el otro lado, he conocido el horror absoluto y sin paliativos, y he conocido la mutilación y la locura. La cordura ha sido un tormento y anhelar la aniquilación un alivio.
No imagino ni conozco atrocidad de esta dimensión, saber de ella, tal vez, me sirviera como medicina y sedación. Pero no existe, lo sé con la certidumbre que me ha concedido el tiempo, cuya perspicacia siempre pondero.
Un día de agosto, un día aciago, acostado sobre una tierra aspera y egoísta, se resolvió mi existencia, vi la realidad y el espanto, el presente y el futuro, el pánico y la miseria, fundidos y desleídos en la atrocidad de un instante, en el abrazo inútil sobre el que rebosaba el tiempo, en la impasible mañana vívida como un sueño.
Supliqué piedad pero la Muerte no conoce piedad, clemencia ni justicia; es la Muerte.
Hay horas en la vida llenas hasta derramarse, mientras otras, son insignificantes, huecas e insubstanciales y se limitan a desvanecerse en el tiempo. Estas que yo refiero desbordan y rebasan todos los límites y márgenes comunes.
Lo que antecede es nada más que literatura, quien me frecuenta sabe bien que mi estado de ánimo no se corresponde con la desesperación y tristeza que aquí se traslucen, esta actitud concierne a mis horas más bajas, que gracias a Dios y a mi hijo que vela incansable por mi, son las menos.

“El infierno de los vivos no es algo por venir: hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.”
ITALO CALVINO, ‘Las ciudades invisibles’.

Adjunto, para ilustrar mi entrada la obra de, Hieronymus Bosch (El Bosco), El Jardín de la Delicias. La tabla de la derecha representa de modo magistral su particular modo de ver el infierno.


sábado, 7 de mayo de 2011

El Cielo

Entresaco lo que sigue de una obra delirante prodigiosamente rematada y en la que su autor invirtió, a buen seguro, buena parte de su vida. Yo lo conozco a través de J.L. Borges. Con este aval y mi particular disposición recreo un lugar y una situación que bien podría acercarse a una descripción del Paraíso.
“Los niños que mueren son niños también en la otra vida, tienen el mismo carácter infantil, la misma inocencia por la ignorancia, la misma delicadeza en todo; se hallan meramente en sus principios a fin de que puedan llegar a ser ángeles; porque los niños no son ángeles, pero llegan a ser ángeles.”
Categórica afirmación sin fisuras ni opciones a refutación.
“Tan pronto como resucitan los niños, lo cual hacen inmediatamente después de la muerte, son conducidos al cielo y allí entregados a ángeles que son del sexo femenino, quienes en la vida de su cuerpo amaban tiernamente a los niños y también a Dios”.
Igualmente sin objeción posible.
“Me ha sido dado ver a niños ataviados con mucho adorno; llevaban alrededor del cuello guirnaldas de flores relucientes de hermosos colores celestiales, y también alrededor de sus tiernos brazos.
Una vez me ha sido dado ver a niños con las damas encargadas de su educación, acompañados de doncellas en un jardín paradisíaco, hermosamente adornado no tan sólo con árboles sino con arcadas de cierta especie de laureles y por consiguiente pórticos por los cuales se entraba al interior, y los niños, entonces vestidos de la referida manera, parecían un grupo de flores que se destacaba sobre la entrada alegremente."
Y para finalizar
"Es de notar que los niños en el cielo no crecen más que hasta la primera juventud, y en ella permanecen eternamente.”
Del cielo y del infierno, Emanuel Swedenborg (1688–1772)
No es cosa de cuestionar, asuntos tan intrincados, y mucho menos yo que he descreído más que el propio Santo Tomás, que aunque elevado a los altares es el paradigma de la incredulidad.
Me diste tantas cosas que ahora juzgo inmerecidas, tu dulzura y tu bondad, el Quattrocento y el Cinquecento, las tardes interminables de verano, tu obstinada afición por los viajes, tu memoria que hacía mía, tus ojos por los que veían los míos, Vermeer, van Eyck, Hopper, La balsa de la Medusa, La lección de anatomía.....
Ahora, me sigues dando, acaso ya merecidamente, vivencias de otra índole, igualmente gratificantes. Hoy en forma de este atisbo del más allá, del Paraíso, con el que distraigo mis sentidos y mi vida.
Creer, porque ya casi lo creo y dudar a un tiempo de que yo, o lo que de mi reste acceda a ese Cielo. O mejor aún, “me sea dado ver” y por tanto verte en esa “eterna primera juventud” a la que se refiere este místico atípico y extraordinario.
Mientras esto escribía trataba de encontrar en mis registros neuronales una pintura que haya plasmado con cierta calidad esta manifestación del Cielo de los niños.
Una lámina enmarcada con austeridad presidió mi dormitorio de niño y adolescente. Incomprensible e inquietante entonces, ahora se me brinda como la imagen que bien puede reflejar ese Cielo, ese Paraíso que con certeza habitas con tu nueva y recién estrenada naturaleza angelical.
La obra siguiente es de Xul Solar, pintor y místico argentino, unido a Borges por su común afección a Swedenborg. Añadiré una frase del artista para ilustrar mejor su pensamiento:
“Lo que se ve en el otro mundo depende un poco de uno”.
Y acabo con una obra y un artista que desconocía, lleva directamente por título El Paraiso.


La Anunciación, Fra Angélico


Xul Solar


Meister (Oberrheinischer) - El Paraíso